La última revolución corporativa fue por la calidad; la próxima es por la transparencia.
El tema transparencia no debe analizarse como “apertura a la información” sino, en un sentido más amplio, como sinónimo de integridad, prácticas éticas y apego a valores.
Construir esta cultura no se da por decreto ni es el tema de una ley o documento; es un hábito y una práctica.
Hablar de transparencia significa tener reglas claras en diferentes materias: legal, información, política, economía… y cada día están tomando más importancia. La falta de estas reglas afectan a los países y a las compañías y al personal de éstas. Cuando existe en una organización un ambiente de falta de transparencia, la eficiencia se vuelve cada vez más difícil de alcanzar y, por lo tanto, los objetivos y metas planteados se hacen difíciles de lograr.
Es un hecho que las empresas que trabajan de manera íntegra tiene mejores oportunidades de negocio: siguen (y son seguidos), por la mejor gente, tienen mejores relaciones con sus proveedores y clientes. No hay duda que el código de conducta es el disparador interno de muchas agrupaciones, sin perder de vista que no es la solución. Si se aseguran una serie de acciones alrededor del código de conducta, las compañías trabajan por la derecha. Esas corporaciones íntegras nacen de que su líder piensa así.
Irving Shapiro, ex director de DuPont dijo: “Si lo que haces te daría motivo de sonrojarte si se publica mañana, no lo hagas”…
"Administración - Una perspectiva global" Koontz y Weihrich - 12a. Edición
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